domingo, 4 de febrero de 2018

GRAN MARCHA HERÓICA

GRAN MARCHA HERÓICA

Arriba, un atrevimiento de águilas, abajo, el pecho del pueblo y en la línea definitiva, entre los altos y anchos candelabros de la Humanidad, y las trompetas que braman como vacas, entre naranjos y duraznos y manzanos que, como caballos, relinchan, entre barcos y espadas, rifles y banderas en flor, al paso de parada negro y fundamental de los héroes, tú y tu ataúd de acero.


La multitud descomunal y subterránea, abate en oleaje su ímpetu de serpiente y ataca su fantasma y su palabra, como un toro la estrella ensangrentada.



Caemos de rodillas en el gran crepúsculo universal, y lloran las sirenas de todos los barcos del mundo, como perritas sin alojamiento; se acabó la comida en los establos contemporáneos y el último buey se destapa los sesos, gritando; el bofetón del huracán, partiendo los terciopelos del Oriente, araña el ocaso y le desgarra el corazón a puñaladas, cuando el fusil imperial de la burguesía pare un lirio de pólvora y se suicida.



Al quillay litoral le desgarran la pana los relámpagos de las montañas, y tremendamente da quejidos de potrillo recién nacido en el estercolero, porque su conciencia vegetal naufraga en el aroma a sangre.



Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías, y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo, te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales, no somos sino sólo fantasmas en vigencia; lo heroico, lo definitivo, la ley oscura de la materia en la cual todas las cosas se levantan y se derrumban con el único fin de engendrar padecimiento, emerge de ti, porque de ti, porque tú eres la realidad categórica; y cuando los pollitos nuevos del mar a cuya orilla enorme te criaste, pían al asesinato general del ocaso, los huesos de Tamerlán echan grandes llamas; escucho el funeral de Beethoven ejecutado por setecientos maestros de orquesta, frenar la tempestad, sujetándola, como el desnudo adolescente los caballos rojos de Fidias y el cielo está negro lo mismo que mi corazón; las espadas anchas, las anchas espadas que abrieron los surcos profundos que no cavaron los arados, las espadas embanderadas de historia, se te someten y te lamen como el perro del mendigo; cuadrigas y centurias, haciendo estallar el sol sonoro, al golpear la tierra hinchada con el eslabón de la herradura, levantan polvaredas de migración y el bramido de las lanzas es acusatorio y terrible debajo de la lluvia oscura como la mala intención o un cobarde; adentro de las campanas choca la luciérnaga rota con su farol a la espalda, llorando; huyendo del incendio general, leones y chacales se arrojan a la mar ignota y las serpientes repletas de furor se rompen los colmillos en las antiguas lanzas; un gran caballo azul se suicida; borrachos de sol y parición en generaciones del Dios pánico y dionysíaco, los sacerdos-escarabajos están gritando la maternidad aterradora en miel de pinares y resinas de gran potencial alcohólico, que debaten entre ramajes la violencia tremenda de la naturaleza; el Clarín del Señor de los Ejércitos empuña la espuela de oro de la gran alarma y los soldados.



Cargado por nosotros, marcha el féretro como una rosa negra o un pabellón caído, con espanto aterrador de fusilamiento; rajados a hachazos los pellines encadenados al huracán aúllan; tú eres lo único definitivo, hundida en tu belleza de pretéritos y de crepúsculos totales, caída en todo lo solo, herida por el resplandor de la eternidad deslumbradora, mientras errados, nos arrinconamos adentro de nuestras viejas negras chaquetas de perros.



Por el camino real que va a la nada marcharé (caballo de invierno), en las milenarias edades; hoy, mi espada está quebrada, como el mascarón de proa del barco que se estrelló contra lo infinito y soy el animal abandonado en la soledad del bramadero; perteneces al granero humano, tétrico de matanza en matanza, y te robaron de mis besos terribles; braman las campanas pateando la atmósfera histórica en la cual se degüellan hasta las dulces violetas que son como copitas de vino inmortal; la tinaja de las provincias echa un ancho llanto de parrones descomunales, gritando desde el origen.



Arde tu alma grande y deslumbradora como un fusil en botón y a la persona muerta la secunda la ciudadanía universal otorgándole la vida épica como a una guitarra el sonido; como un solo animal, acumular la eternidad, triste y furioso a tus orillas, es mi ocupación de suicida; como ola de sombra, el comercio-puñal de la literatura nos ladra al alma cansada y los cuatreros, los cuchilleros, los aventureros y el gran escorpión de la bohemia nos destinan su sonrisa de degolladores, echada en sus ojos de cerdo.



Sobre el instante, la polvareda familiar gravita y empuña el pabellón de los antiguos clanes; tu eres el escudo popular de los de Rokha: tronchados, desorientados, conmigo a la cabeza de la carreta grande, tirada por dos inmensos toros muertos, hijos e hijas, nietos y nietas, yernos y nueras dan la batalla contra la mixtificación tenebrosa y estupenda de los viejos payasos convertidos en asesinos; a miel envenenada hiede el ambiente o a calumnia y perro; los chacales se ríen furiosamente y tremendamente arañan la casa sola como sombra en el arrabal del mundo, allá en donde remuelen el pelele y la maldición, tierra de escupos y demagogia, llena de lenguas quemadas; porque mi desesperación se retuerce las manos como un reo que enfrenta los inquisidores, a cuya espalda chilla, furiosa la Reacción, como negra perra vieja en celo; andando por abajo, los degenerados nos aceitan y nos embarran el camino, a fin de que el cegado por las lágrimas dé el resbalón mortal y definitivo del que se desploma en el mar rabioso que solloza echando espuma y se derrumbe horriblemente.



Juramos pelear hasta derrotar al enemigo enmascarado en el enemigo del pueblo, al calumniador y al difamador con ojo pequeño de ofidio y las setenta lenguas ajenas de los testigos falsos, a la rana-pulpo-sapo del sabotaje; juramos solemnemente cortarnos y comernos la lengua antes de lanzarle al olvido; juramos los látigos de la venganza, porque es mentira la misericordia y no tememos atacar la eternidad frente a frente, ensangrentados como pabellones.



Tranco a tranco en el pantano del horror, vi destruir a la naturaleza en ti el esquema total de lo bello y lo bueno; como un niño loco, el espanto se ensañó en tu figura incomparable, que no volverá a lograr nunca jamás la línea de la Humanidad, y caíste asesinada y pisoteada por lo infinito, tú, que representabas lo infinito en la vida humana, y el sol de "Dios" en la gran tiniebla del hombre; caías, pero caía contigo el significado de lo humano, y en este instante todas las cosas están sin sentido, gritando, boca abajo, solas, y es fea la tierra; como a aquel infeliz cualquiera a quien le revuelven la puñalada en el corazón, el perro idiota de la literatura, vestido de obispo o caracol, levanta la pata y orina mi tragedia de macho, porque como todo lo hermoso, todo lo vertical, todo lo heroico se hundió contigo en el abismo, yo soy el viudo terrible, y acaso la bestia arcaica sublimándose en el intelectual acusatorio que da lenguaje a las tinieblas; como la naturaleza es descomunal y sólo lo monstruoso le incumbe íntegramente, su injusticia fue tenebrosa con tu régimen floral de copa y el destino te cavó de horror como a una montaña de fuego; sin embargo, como soy humano, no acepto tu muerte, no creo en tu muerte, no entiendo tu muerte y el andrajo de mi corazón se retuerce salvajemente y se avalanza contra la muralla inmortal, contra la muralla desesperada, contra la muralla ensangrentada, contra la muralla despedazada, que se incendia entre las montañas y sudando y bramando y sangrando, me revuelco como un toro con tu nombre sagrado entre los dientes, mordido como el puñal rojo del pirata; a la espalda aúllan las desorbitadas máscaras gruñendo entre complejos de buitre aventurero y trajes vacíos, en los que respiran las épocas demagógicas.



Entre los grandes peñascos apuñalados por el sol, sudando como soldados de antaño, roídos por inmenso musgo crepuscular y lágrimas de antiguas botellas, tú y la paloma torcaz de los desiertos lloran; mar afuera, en el corazón de flor de las mojadas islas oceánicas, en las que la eternidad se agarra como entraña de animal vacuno a la soledad de la materia y el gemido de los orígenes gravita en la gran placenta del agua, tú das la majestad al huracán por cuyos látigos ruge la muerte su secreto total, tremendo; encima de los carros de topacio del crepúsculo, tirados por siete caballos amarillos, cruzados de llamas como Jehová, tú eres el balido azul de los corderos; aquí, a la orilla de tu sepulcro que ruge, terrible, en su condición de miel de abejas y de pólvora, haciendo estallar el huracán sobre los viejos túmulos que tu vencidad obliga a relampaguear, tú empuñas una gran trompeta de oro, tal como se empuña una gran bandera de fuego y convocas a asamblea general de muertos, a fin de arrojar la eternidad contra la eternidad, como dos peñascos; emerges de entre toneles, como la voz de las vasijas, y la gran humedad del pretérito, que huele a fruta madura y a caoba matrimonial, enarbola su pabellón en el corazón de las bodegas, cuando yo recuerdo tu virginidad resplandeciente...



Condiciona sus muchedumbres la mar-océano del Sur y tu multitud le responde terriblemente; yo estoy sentado a la orilla del que tanto amabas mar, y la oceanidad da la tónica al gigante dolor que requiere inmensidades para manifestarse y el lenguaje de la masa humana o la montaña incendiándose; remece sus instintos la inmensa bestia oceánica y el crepúsculo ensangrienta la bandera de los navíos y el cañón funeral del puerto; el mar y yo bramamos, el mar, el mar, y crujen los huesos tremendos de Chile, cuando con mi caballo nos bañamos solos en la gran soledad del mar y el mar prolonga mi relincho con su bramido por todas las costas, desde las tierras protervas de Babilonia al Mediterráneo celestial de las tuyas glicinas y a los sangrientos mares vikingos, o arrastra mi voz tronchada y sangrienta como un capitel roto y mi lenguaje de campanario que se derrumba en la gran campana del mar, con tu recuerdo gimiendo adentro; rememoro nuestro matrimonio provincial-marino y la carrera desenfrenada, desnudos, sobre la arena y el sol; es la mar soberbia, la mar oscura, la mar grandiosa en la cual gravita el estupor horizontal de humanidad que azota los vientres de las madres y relumbran las panoplias huracanadas de los viejos guerreros de hierro, que ascienden y descienden por las arboladuras como un tigre a una antigua catedral caída; lagrimones de acordeones, de leones y fantasmas dan al pirata el relumbrón de los atardeceres y el tajo del rostro atrae el sable crepuscular hacia la figura agigantada; el ron furioso da gritazos y mordiscos de alcohol degollado a la tiniebla aventurera y la pólvora roja es rosa de llamas rugiendo con perros y espadas entre la matanza histórica, adentro de la cual nosotros dos rajamos el cuaderno de bitácora sobre el acero acerbo del pecho, que es pluma y rifle, Luisita; asomándome a la descomunal profundidad heroica, veo lo eterno y tu cara en todo lo hondo; naufragios y guitarras y el lamento del destierro en los archipiélagos sociales del Tirreno y el Egeo, se revuelve a la bencina cosmopolita de los grandes Imperios de hoy, con sus navíos y sus aviones sembrando la sangre en los mares: pero el tam-tam de los tambores ensangrentados me desgarra el cerebro; sin embargo, hay dulzuras maravillosas, y te vuelvo a encontrar en esta gran agua salada por el origen y el olor animal del mundo, con tu melena de sirena clásica y tu pie marino de conchaperla y aventura.



Braman las águilas del amor eterno en nosotros...



El huracán del amor nos arrasó antaño, y ahora tu belleza de plenilunio con duraznos, como llorando en la grandeza aterradora, contiene todo el pasado del ser humano; truenan las grandes vacas tristes del amanecer y tú rajas la mañana con tu actitud, que es un puñal quebrado; fuiste "mi dulce tormento" y ahora, Winétt, como el Arca de la Alianza o como Dionysos, medio a medio de los estuarios mediterráneos y el de los sargazos mar, entre el régimen del laurel y el dolorido asfódelo diluído en la colina acumulada de los héroes, hacia la cual apunta el océano su fusilería y desde la que emergen los pinos solarios, tú, lo mismo exacto que a una gran diosa antigua de Asia, la eternidad bravía te circunda; galopan los cuatro caballos del Apocalipsis, se derrumban las murallas de Jericó al son de las trompetas que ladran como alas en la degollación y el Sinaí embiste como el toro egipcio, cuando tu paso de tórtola hiende los asfaltos ensangrentados de la poesía, gran poetisa-Continente; y las generaciones de todos los pobres, entre todos los pobres del mundo, te levantan bajo los palios llagados del sudor popular en el instante en que tu voz se distiende, creciendo y multiplicándose como el oleaje de los grandes mares desconocidos, a cuya ribera los hombres crearon los dioses barbudos del agro y los sentaron y los clavaron en las regiones acuarias, que eran el llanto de fuego de los volcanes; como fuiste tremendamente dulce, graciosamente fuerte, pequeñamente grande con lo oscuro y descomunal del genio en un régimen de corolas, el hijo del pueblo te entiende; tenías la divina atracción del átomo, que, al estallar, incendia la tierra, por eso, adentro del silencio mundial, yo escucho exactamente a la multitud romana o babilónica, arreada y gobernada a latigazos, a las muchedumbres grecolatinas que poblaron Marsella de gentes que huelen a ajo, a prostitución, a guitarra, a conspiración, a sardina y a cuchilla, a tabaco y a sol mojado y caliente como sobaco, a presidio, a miseria, a heroicidad, a flojera o a tristeza, al vikingo ladrón, guerrero, viril y sublime en gran hombría y a los beduinos enfurecidos por el hambre y los desiertos del simoum, áspero y trágico, y te adoro como a una antigua y oscura diosa en la cual los pueblos guerreros practicaban la idolatría de lo femenino definitivo y terrible; forrado en cueros de fuego, montado un caballo de asfalto, yo voy adentro de la multitud, como una maldición en el cañón del revólver.



Románico de cúpulas y óperas el atardecer de los amantes desventurados me encubre, y cae una paloma negra, Luisita-azúcar.



Soplan las ráfagas del dolor su chicotazo vagabundo y la angustia se clava rugiendo, en fijación tremenda, como un ojo enorme que quemase, como una gran araña, como un trueno con el reflejo hacia adentro y la quijada de Caín en el hocico; es entonces cuando arde el colchón con sudor oscuro de légamo, cuando la noche afila su cuchilla sin resplandor, cuando el volcán destripa a la montaña y se parte el vientre terrible, que arroja un caldo de llamas horrendo y definitivo, cuando lloran todas las cosas un llanto demencial y lluvioso, cuando el paisaje, que es la corbata de la naturaleza, se raja el corazón de avena y pan y se repleta de leones; sin embargo, medio a medio de la catástrofe, se me reconstituye el ser a objeto de que el padecimiento se encarne más adentro y la llaga, quemada por el horror, se agrande; con tu ataúd al hombro, resuenan mis trancos en la soledad del siglo, en la cual gravita el cadáver de Stalin, que es enorme y cubre el Oriente en mil leguas reales a la redonda, encima de un carro gigante que arrastran doscientos millones de obreros; semejante a una inmensa cosechadora de granjeros, la máquina viuda de los panteones degüella las cabezas negras y la Humanidad brama como vaca en el matadero; yo arrastro la porquería maldita de la vida como la pierna tronchada un idiota y espero el veneno del envenenador, la solitaria puñalada literaria por la espalda, en el minuto crucial de los crepúsculos, el balazo del hermano en la literatura, como quien aguarda que le llegue un cheque en blanco desde la otra vida; me da vergüenza ser un ser humano desde que te vi agonizar defendiéndote, perseguida y acosada por la Eternidad como una dulce garza por una gran perra sarnosa; como con asco de existir, duermo como perro solo encima de una gran piedra tremenda, que bramara en el desierto, hablo con espanto de cortarme la lengua con la cuchilla de la palabra y quisiera que un dolor físico enorme me situase a tu altura, medio a medio de este gigante y negro desfile de horror del cual estalla mi cabeza incendiándose como antigua famosa posada de vagabundos; no deseo el sol sino llorando y la noche maldita con la tempestad en el vientre; por degüellos y asesinatos camino, y ando en campos de batalla, estoy mordido por buitres de negrura, y es de pólvora y de lágrimas, Luisita-Amor, el gran canasto de violetas, con el cual me allego a tu sepulcro humildemente; a mi desesperación se le divisa la cacha del arma de fuego, Luisita-Amor, cuyos grandes frutos caen...



Éramos Filemón y Baltis de Frigia y el grito conyugal del mundo, pero se desgarró una gran cadena en la historia y yo cruzo gritando a la siga del mí mismo que se fue contigo para siempre nunca, esta gran sonata fúnebre de héroes caídos...





jueves, 21 de septiembre de 2017

Por Shakti Kundalini Entrevista a Fernando Vargas


SHAKTI KUNDALINI
FERNANDO VARGAS

Por Shakti Kundalini
Entrevista a Fernando Vargas

Sin lenguaje la historia humana se vacía y así nadie sabe dónde irá a terminar este tren…
Fernando Vargas, poeta, narrador, editor, polemista. Un permanente animador de las diversas jornadas literarias. Autor de la controvertida, desprejuiciada y genial novela Los poetas grises, fundador de la revista Cíclope. Vanguardista y retaguardista satírico. Tal vez uno de los poetas jóvenes más importantes de Chile. Nos entrega sus ideas e impresiones sobre literatura, poesía, filosofía y arte en general.
1. ¿Qué impulsaba a Fernando Vargas en aquellos inicios con algunos impresos de divulgación literaria y cómo se ha dado el tránsito hasta el día de hoy con la revista Cíclope?
- Son muchas cosas pero primero podría decirse que era la creciente necesidad de escribir, siempre un poco más, siempre impulsando a que el texto fuese más real en la página, recuerdo que en ese año, 2012 las cosas de la vida, digamos, no me iba tan bien, vagaba mucho y escribía en las esquinas, en los bares, y como escritor quería que la gente descubriera esa magia que existe en la palabra, esa que está escondida como dice Stella, quería mostrar a la gente, quien sea que tomara la revista que el mundo era otra cosa muy diferente a lo que soñamos que es, venía de dejar una carrera en la universidad, venía y aún vengo con aires nuevos para el mundo. Es un montón de fenómenos, entonces, tan básica, tan pobre, un pequeño hijo de un ojo empezó a gestarse, buscaba más personas que me acompañaran en esta travesía y busqué colaboradores que con el tiempo fueron desapareciendo de mis días, de los números mensuales de la revista siendo reemplazados por otros, estaba impulsado como un rayo caído, quemaba libros inservibles para mi gusto estético y eso lo hacía por diversión, tener un lugarcillo, pobre, delicado, gratuito, es y fue la meta de Cíclope, eso sí, te puedo decir que es limitado y sólo la revista tendrá 33 números como una colección… en este momento van 29 números editados mensualmente, a veces con cierta dificultad pero que ya avanzan hacia su término, será una colección, una anécdota quizás y la gente puede que lo olvide como fue con Vomitiva, Espantapájaros, La pata de He-man, pero en algún lugar de este mundo esos números de las revistas brilla y la gente se atrae por su particularidad, sus textos, sus imágenes. Me llamó la atención las dificultades que cruzó Samuel en aquellos años de represión, esa tenacidad del escritor tiene que estar por sobre el Estado o las instituciones burocráticas, mientras avanza la Cíclope se colocó hocicona, hasta surrealista, con toque melifluos, resucitaba cada mes para servir su humilde propósito: Ser desechada hoy, y mañana optar por otro valor, siempre miraba el futuro… y Cíclope nadaba desde allá hasta acá, donde estamos hoy para anunciar nuevos meses… El nombre Cíclope fue una ocurrencia de un poeta llamado Ignacio Aguirre, cierto día nos encontramos en la ladera junto al parque Kokoro no niwa en La Serena y ahí yo buscaba y buscaba la motivación del nombre, pues como bien sabes nada existe para un hombre si no es nombrado, como creación sabía que me miraba desde la zona no nombrada, surgía como un germen en mis letras, en el año 2013 las cosas cambiaron un poco, estuve más tranquilo, casi conforme con lo que escribía, no tenía una gran ambición, tan sólo esperaba que los lectores fieles de la revista se hicieran una idea de lo que quería lograr, esperaba que sus manos entendieran, sus pies corrieran, que las supuestas ideas ya predichas se mantuvieran lejos de toda interpretación, que usaran el sapere aude como nadie… al lanzar el libro de Los poetas grises, nació otro ribete, otra arista de lo mismo…su hermano o su primo…dependiendo del lector, siempre de la otra visión… el otro lado no nombrado que emite la perfección, lo oculto en las páginas de los días y que se ve a través de un ojo único. Ahora ¿Por qué Cíclope? Cuando Aguirre me nombró la palabra, estuve impávido por unos segundos y consulté a mi cabeza, era un signo, un algo que se movía entre las neuronas, ¿qué se yo? Era un faro, un ojo palpitando en la oscuridad, un ser que sólo se conoce asimismo y llama a otros como nadie… pero ya hablé demasiado…jajajaja…
2. ¿Qué motivó las lecturas iniciales y cuáles fueron aquellas lecturas, los autores trascendentales en la manera en que concibes la poesía?
- Uhm, bastante interesante la pregunta…una parte de mí se fue con los libros en los veranos, en las caminatas de la casa al colegio, mientras otros se dedicaban a la televisión yo leía y leía todos esos mundos que aparecen y forman la continuidad de un recuerdo difuso… habían en mi casa muchos libros antiguos de primaria desparramados por la casa, me apoderé de ellos, libros que tenía mi hermana mayor y que no tomaba en cuenta después de pasado el control de lectura. Estoy hablando del año 2002… Los autores iniciales son varios y mis motivaciones siempre estuvieron ligadas a la filosofía, en especial Nietzsche quien al escribir en aforismos me cautivó, era una mezcla rara que no conocía y llamó mi atención, hasta el momento sólo leía novelas, cuentos o tiras cómicas, un día en la Biblioteca ex pública Martín Panero que está en el colegio donde estudié me hallé revisando un texto de filosofía…el primer concepto que conocí fue el Übermensh mal llamado en español el súper-hombre. No entendía a qué se refería con tal concepto así que empecé a leer a Nietzsche con más dedicación, hasta encontré unos libro de poemas de él. Antes ya había leído a Wells en El hombre invisible, pero mucho más antes El príncipe y el mendigo de Twain y es este el que recuerdo con mayor viveza, también algunos libros de lectura escolares y antiguos como dije y ahí aprendí del cuento, de las formas, tenía doce años todo lo gritaba desde lo profundo de un huerto, leía en la calle a Wells de vuelta hacia mi casa, leía a Goethe con el sol encima sentado en un sillón, a Heine en Noches florentinas, a Blake, pero si hablamos de influencias, es feroz pensar en Miller quien me enamoró con su lenguaje desfasado y delirante, pero eso era narrativa y descubierta para mí en la universidad, estaba inscrito en eso, estaba lleno de parámetros poéticos chilenos, no podía avanzar en la lectura más que con los años, leer simplemente lo clásico me tomaría toda una vida, y al ahondar más en el bagaje de grandes como Paz, Borges o Huidobro me di cuenta que era un homo naledi, un inculto, un ser atrofiado en busca de un límite, entonces decidí más que leer comprender como actuaba eso en mi cráneo, como el pensamiento ingresaba en mi cabeza y se desfragmentaba para formar parte de recuerdos, simple y llano recuerdo inútil para una vida práctica, útil, muy útil en lo social. Hasta que concebí la poesía como un plano alejado de todas las cosas, nombraba sin nombrar, mostraba como dice Pound sin mostrar, era una fuerza que dentro del pecho palpitaba por salir, mi inicio entonces era la luna, mi primer poema, malísimo por cierto era a la luna, extrañamente no conocía la métrica y lo hice en verso libre, a partir de eso no paré, cuando leí que existía la métrica en Ferrater Mora me obsesioné con eso, escribía tardes enteras y corregía los textos para que su fórmula fuera exacta, que las aliteraciones estuvieran propagadas entre las metáforas, busqué junto a Mayer Salas la Poesía de los pueblos nórdicos y su extraña métrica, también probé con los haikús en un textos que titulé “Los versos del ermitaño” (aún inédito a todo esto) y que tuvo buena crítica de Paulo San Páris. Y así pasaron los días con su rastro dejando huellas aquí y allá en versos escritos en mesas, papeles, donde sea que se pudiese…
Tenía ganas del mundo, de nuevas ideas, de terremotos literarios, terrorismo poético.
3. ¿Cómo asumes la dualidad entre el editor y el escritor, y la necesaria relación entre la poesía y la narrativa?
Hay que tener ambas caras de la moneda en equilibrio, ser editor implica un trabajo práctico que debe ser eficaz, más que todo avanzar en la impresión hoja a hoja, letra a letra, avanzar y avanzar no importando los obstáculos que aparezcan, junto con ser escritor ambos oficios necesitan de una dedicación férrea, así se asume. Poesía es una cara de la moneda, la narrativa es la otra y ambas forman la llamada épica que es un género antiquísimo y que aparece en las obras fundamentales y clásicas, hasta en la Divina Comedia, pienso que la Poesía pasa por sacar del lenguaje todo el jugo que posee, la narrativa en cambio se fundamenta en el verbo, en personajes definidos, pero un poema prescinde de verbos y se traslada a la forma las maneras de entender el poema, pero ambos poderes se comprenden, un poema puede no tener personajes o ser el mismo el personaje, es decir, explota todas las posibilidades del lenguaje, lo exprime y lo destila dejando el sabor, el aroma de esas cosas patente en el aire, un poema puede no ser comprendido, pero un cuento que no se entiende queda vacío en el recuerdo, de un poema los lectores o espectadores pueden guardar la sensación, o quizás hasta lo cómico como lo es en Samuel Núñez o Bukowski y reírse después de algunos días, pero en una novela sin personajes, sin verbos, sin linealidad la percepción es distinta, se desvanece, un ejemplo que podría darte es Pablo de Rokha o lo que ya se llama Prosa poética, en un futuro, no, ahora ya se da que tal división va desapareciendo, se mezcla y las vanguardias han destrozado el canon narrativo, poético, editorial y de la escritura… cada forma para cada nueva generación, eso sí bajo un fundamento innegable… aún los surrealistas por muy surrealistas no podían prescindir de un lenguaje. Sin lenguaje la historia humana se vacía y así nadie sabe dónde irá a terminar este tren…
4. ¿Háblanos un poco sobre tu novela los poetas grises. Cómo se gestó. Qué mundo retrata?
Siempre ha estado en mi esa idea que no es uno el que busca las palabras si no que las palabras vienen a uno en su búsqueda, algunos temen a la página en blanco y dicen que ya no tienen que escribir que caen en una sequía pero desde cuando se piensa que uno es quien maneja el lenguaje, siendo que es totalmente aprehendido, también me dicen que nunca respondo lo que me preguntan y es que las palabras simplemente salen, por ejemplo con el libro “Los poetas grises” pasó eso, nunca pensé en el título antes de saber de qué se trataba, eso para mí venía después de tal cosa, lo primero era captar que es lo que las palabras querían decirme, hice un par de textos después de leer Los detectives salvajes de Bolaño, lo captaba entonces como una humorada, como un destello familiar para el futuro donde todos esos poetas aparecían con seudónimos y formaban un mundo aparte, me decía que estaba rasgando el espacio, observando un mundo paralelo que seguía su curso en la imaginación, y era un instante, siempre un instante captado al unísono, por eso en reiteradas partes del mismo sucede el mismo disparo, que algunos personajes toman como un trueno, aunque también se jugaba la polisemia con respecto a Eliot y en diversas maneras, cruces de personajes, nieblas interminables, páramos, vueltas, retruécanos lógicos, realismo mágico, aunque si algo es detestable en literatura para mi es eso que llaman el “boom”… Aún así muchos poetas serenenses o chilenos se sintieron afectados en lo íntimo con las declaraciones del libro, anunciado por la revista Cíclope y Musaraña , muchos esperaban la entrega del libro y su edición, lo hice junto con la ayuda de “Talleres me pego un tiro” y fue bastante bien entre los amigos, pero si me hice dos amigos con el libro me hice diez enemigos con el mismo, primeramente el municipio serenense y sus funcionarios no estuvieron de acuerdo con la idea principal de que el poder es aborrecible en todas sus formas y mientras alguien ostente el poder o las instituciones tengan representantes siempre será un manejo, un control de la libertad, una panopia a lo Foucault y una inopia. En ataques camufladas a los círculos literarios, al ego de los poetas, al olor y sabor de los artistas empezaron a encontrarlo amargo y sexual, sin darse cuenta que eran sus propias impresiones lo que veían en él, su propio ego debatiéndose contra ellos, su sed de poder arreciando sus puños, no querían saber nada de él y antes incluso de leerlo ya estaban en plan de defensa, no es en definitiva un libro para bellacos si no para inocentes, para esos que ven el mundo literario y descubren en él las guerrillas y la envidia del medio… el reflejo oscuro a la luz, y si a alguien le molesta algo más que la mentira o la ficción es la verdad que duele.
5. Danos una visión crítica de la poesía de La Serena en general y tu participación en el mundo literario....
Ohhh, como dije anteriormente no es que la Poesía tenga un lugar propio o que haya una Poesía en Jauja y sea otra la de La Serena, es la misma intención surgiendo de lo humano, en el plano científico está supeditada al lenguaje primeramente hablado y después en el papel, recuerdo que en cierto libro de Octavio Paz hablaba que los aborígenes mexicanos recitaban poemas a las montañas, al valle, a la naturaleza. En este punto Serena posee algo inigualable a cualquier parte del mundo, nuestra posición geográfica hace que confluyan diversos estados climáticos y rareza estacional, por un costado el Océano Pacífico, un Rio Elqui en decadencia, otro costado amurallado de montañas y nieve, hacia el norte el desierto más árido del mundo y hacia el Sur más y más humedad, sin contar los días de sol, de frío intenso y de niebla, catalogada como de los cielos más limpios. Esto influye en la consciencia de los escritores, la Poesía anida en sus bocas con desierto y con primavera, hay como en todas partes quienes reciben a la Poesía con vino y honor, con jolgorio, capaces de escribir un poema genial sin necesidad de un sobresfuerzo, tales como Shakti Kundalini, Claudia Hernández, Álvaro Ruiz, Javier del cerro, Paulo San Páris, Carola Pizarro o Tomás Nettle, poetas con un imaginario ya alimentado por la propia boca de la Poesía, y otros poetas que nombrarlos sería un listado extenso…así también existe otro listado más extenso de podetas que dejan mucho que desear y que siguen considerándose con las mismas creaciones de años atrás como son la mayoría del Círculo literario Carlos Mondaca, que permanecieron sin ningún cambio aparente y empezaron el camino del Poder y el anquilosamiento de sus puertas, perdieron las llaves y recurren a todo su imaginario para caer en lo mismo, así después tan sólo les queda ser editores y luego estatuas en la avenida ora críticos ora vampiros de Mistral o Neruda… y tan sólo el lenguaje del poema es el que decide su futuro…


6. Ahora escribes El diario de Adán, más narrativa, ¿Hay además otro proyecto poético?
Tengo reticencia a escribir un libro compacto de poemas, con una dirección definida, tan solo me salen el llamado poemario o poemas sueltos en diversas ocasiones, la verdad es que aún no controlo eso de la linealidad o del tema, la típica poética aristotélica es una alergia para mí, así que por el momento a tan sólo esperar que una cosa así suceda con inicio, desarrollo y final, lo máximo que podría ofrecer es una serie de poemas juntos con un tema clasificado a mi antojo y que seguro tendrán muy poco de común entre ellos con sólo mi manera de escribirlos.
7. ¿Qué importancia tiene la oralidad en la poesía, y la dimensión escrita...como opuesto?
La palabra estaba en un principio, eso es un clásico, aquello de en un principio era el verbo, incluso antes de la acción, pero antes recalco al espíritu, uno no sabe qué es eso de espíritu, muchos les apetece un mito, muchos lo ven como un invento de humanos para protegerse frente a esas cosas que no conoce y causa del miedo, pero no, las leyes físicas abren la puerta a la idea, toda ley es en fin una hipótesis, y toda cosa, toda construcción paradigmática es una forma de lenguaje y eso de palabra, sin la oralidad la historia humana quizás no estuviese contada, antes del creciente alfabetismo mundial tan sólo las historias eran orales, y se contaba en la orilla de las fogatas o en las bocas de los mester de clerecía y juglaría, ahora con el tiempo no puede el hombre zafarse de eso… lo hablado afecta tanto que si ves en la televisión errores garrafales de pronunciación son tomados como lo más normal, palabras que a Armando Uribe o al profesor Campusano los coloca con los pelos de punta, en ese mundo virtual los apócope son tan variados que es innegable que la oralidad afecta la escritura como un elixir de vida y muerte. Los escritos por su parte sólo sostienen para mañana lo de hoy como un reflejo detenido en el tiempo, también origina nuevos aires, nuevas ideas, es en sí íntimo, lector- escritor, en esa complicidad privada se da todo. Todos creemos vivir en el mundo real, pero me he reído de esta idea varias veces porque no es así, todos vivimos en las palabras, en las ideas, en lo invisible que presenta, algunas veces al día volvemos a mirar la materia pero son tan pocas esas veces que es más una anécdota que un suceso empírico.
8. ¿Qué viene después de Zurita en la poesía chilena, a qué genealogía poética te filias?


Una pena, seguro vienen venas poéticas como H.H, Montecinos o Paula Ilabaca, tal vez Formoso o Javier Bello, no es preciso, un movimiento pop gay libertario o música tecno popética tal vez patética, ya no son las mismas condiciones de antes, ya no hay que meter las narices en cajas para encontrar libros antiguos, se busca lo moderno y lo rápido como precocidad, no hay lugar para la nobleza y el carácter de la palabra y la promesa, la lealtad. Los lectores quieren que los poemas hablen de sus intimidades, del carrete y la degeneración, para ellos pocas cosas llevan al asco, ven su propio Lautréamont o Sade y no se horrorizan. Yo sigo en la vieja escuela más por decisión que por edad pues algún día me reiré de los incautos que pierdan sus pdf y doc y busquen libros y no sepan leer sin su e-reader…órfico hasta el tuétano en Poesía, Parra nos hizo un gran daño y un favor…